Me impresiona muchísimo cómo hemos logrado evolucionar como sociedad de manera abismal en las últimas décadas. Ni hablemos de la parte tecnológica, es sorprendente la facilidad con la que actualmente llega la información de un lado a otro y se puede atravesar el mundo; es fascinante la velocidad con la que un acontecimiento puede llegar al otro extremo del planeta y como tenemos visibilidad de galaxias que están a miles de kilómetros de distancia. Y todavía me parece más increíble que, viviendo en una sociedad con este nivel de evolución científica, tengamos tan poca evolución de acompañamiento y tengamos tan poca evolución emocional.
No nos hagamos tontos, la realidad es que sí hemos dado pasos adelante cuando se trata de hablar de sexualidad, específicamente cuando se trata de hablar del acto sexual.
¡Pero, lo hemos hecho hacia afuera! Es decir, hoy nos sentimos “muy revolucionarios” y nos sentimos “muy independientes” porque somos capaces de ver a las personas mostrar afecto físico a cualquier ser humano; sin importar religión, sexo, etcétera… Eso nos hace sentir muy libres, nos hace sentir que realmente estamos logrando tener un pensamiento abierto y evolucionado.
Sin embargo, cada vez que hablo con los papás sobre si han abordado con sus hijos temas como el acto sexual, la masturbación, la homosexualidad, las distintas tendencias sexuales, procreación, violación, menstruación, entre otros importantes: normalmente y con mucha tristeza se los digo, el 94% de los padres me responden que no. Lo más rudo es que además no saben cómo hacerlo.
Del pequeño porcentaje que me dice que sí lo han hecho, cuando les pido que me cuenten el cómo lo explicaron me responden: “Bueno… que un hombre y una mujer se unen y entonces por eso nacen los bebés”. ¿Y cómo se unen papá y mamá?, les pregunto. En este momento la respuesta siguiente es “no necesariamente tienen que hablar conmigo sobre este tema”. Lo que noto es que hay una incomodidad profunda al tener que hablar de temas profundos (y lo siento mucho si soy repetitiva en todos mis blogs), pero la realidad es que la gente no quiere tocar lo profundo. Los papás tenemos pánico de hacernos responsables, de acompañar a nuestras hijas para prepararlas sobre la menstruación y poder explicarles con claridad ¿qué es?, ¿para qué sirve?, ¿qué privilegio nos da la menstruación? y ¿qué grandes retos nos trae la misma? Sin duda, si hiciera una encuesta y le preguntará a 10 mujeres si les gusta su periodo menstrual, seguramente las 10 me dirán que no. ¡Pero hasta para eso hay que acompañar!
Papás, tenemos que ser capaces de preparar a nuestros hijos y de acompañarlos. Y podrán decirme, “OK, tenemos que hacerlo”, pero normalmente las siguientes preguntas son “cómo, cuándo y dónde”. ¿Juntos mamá y papá o solo mamá o solo papá?, ¿dependiendo del sexo de nuestros hijos? La primera mala noticia, pero llena de verdad que les tengo que decir, es que no existen recetas de cocina. Lo que sí sé decir, lo que sí existe es conciencia, lo que sí existe es que todos seamos capaces de preguntarnos continuamente ¿para qué vamos a hablar con nuestros hijos sobre sexo?, ¿para qué vamos a hablar con nuestros hijos de violación?, ¿para qué vamos a hablar con nuestros hijos de abuso?, ¿para qué vamos a hablar con nuestros hijos de temas trascendentales? Al final del camino si tú y yo somos capaces de entender el motivo de esas conversaciones, nos surge una fuerza mucho más intensa que el miedo a ser expuestos, que el miedo a tocar “temas incómodos” con nuestros hijos.
También es importante mencionar que no se trata solo de sexo. El acto sexual es solamente uno de los temas que debemos de ser capaces de hablar con los hijos cuando platiquemos de sexualidad. Pero la sexualidad de un hijo empieza desde que nace, en cuanto empieza a identificar quién es, cómo es su cuerpo y a cuidarlo. Claro, la consecuencia muchas veces de una buena educación sexual y de un buen acompañamiento en la sexualidad es un acto sexual feliz, un acto sexual lleno de amor, un acto sexual consciente de lo que se entrega y consciente de lo que se recibe y consciente también de lo que se puede dar o no a partir de ese acto sexual. ¡Pero tenemos que empezar mucho antes!
Tenemos que empezar con la conciencia, tenemos que empezar formando hombres y mujeres libres, capaces de amar y que entiendan su libertad como un gran privilegio. Que se sepan inteligentes, que entiendan que no únicamente tienen libertad, sino que tienen la capacidad de discernir y de tomar decisiones adecuadas. Si queremos brincar todo el camino de la conciencia, ese trecho del acompañamiento, y llegar específicamente a los 15 años pretendiendo que nuestros hijos sean capaces de tomar decisiones acertadas y de entender cómo es una relación sexual; entonces estamos fritos. Estamos fritos porque actualmente el inicio de la actividad sexual, con mucha tristeza tengo que platicarles, empieza a los 14 años de edad y con tendencia a la baja. Tristemente la actividad sexual está iniciando en una etapa en donde nuestros hijos no están listos para tomar decisiones relevantes (adolescencia y pubertad). Son momentos en donde literal nuestros hijos carecen de sentido común, tal cual, no cuentan con sentido común. Lo pierden momentáneamente, es como un momento donde el cerebro se prepara para que eventualmente se vuelvan críticos. Pero no es ahí, no es en la adolescencia, no es en la pubertad en donde tienen criterio, o un criterio consolidado y bien fundamentado al menos. Pero eso sí, es el momento en donde empiezan a tener mucha libertad.
Ahora, regresando al punto central de este blog, lo que yo les diría es:
- Es imposible llegar a la adolescencia y a la pubertad pretendiendo que nuestros hijos estén ahí parados en un lugar seguro, si no hemos invertido suficiente tiempo en educarlos en conciencia, en educarlos en libertad y en educarlos sabiéndose inteligentes; pero aprendiendo a ser críticos.
- Imposible también será que estén sanos y salvos y que vivan una sexualidad plena si ni siquiera saben de qué va la sexualidad. Si ni siquiera se han enterado por parte de las personas que más los aman (nosotros, sus padres) cómo es su cuerpo, cómo se define su cuerpo, qué diferencias tiene el cuerpo de un hombre y de una mujer por dentro y por fuera, cómo es que se lleva a cabo un acto sexual, qué tiene de bello el acto sexual y cuáles son los retos del acto sexual.
- Mamás, por favor hablen de menstruación con sus hijas. Ellas merecen llegar a ese momento sabiendo qué es lo que va a pasar y sin miedo; ya no estamos en la era de “Como agua para chocolate”.¡ Ya no! Hoy debemos ser capaces de acompañar a nuestras hijas, así como estamos luchando por sus derechos. Pongamos atención a lo importante. Lo importante es acompañar a nuestras mujeres. No podemos tenerle miedo a hablar de la menstruación, tenemos que hablar de ello, fuerte y con libertad, repito, con los pros y los contras. Y con respeto, por favor, con mucho respeto.
- Por último, les diría que los cómos deben de estar alineados al para qué y no el para qué a los cómos. Por ejemplo; si el para qué de la plática que tenga yo con mis hijos sobre sexualidad tiene un fin de transparencia, tiene un objetivo de que ellos reciban información (sin duda, a través de la gente que más los ama) pero que reciban información verídica, que reciban la información bañaba o empapada de los valores familiares compartidos, que reciban información con amor; entonces linealmente, el cómo tendría que estar estructurado con base a este primer objetivo, a este primer para qué. ¿Cuál sería el primer cómo con amor? ¿Cuál sería un cómo con transparencia? ¿Cuál sería un cómo con la verdad absoluta? Sin miedo. Lo que se tiene que hacer es saber escuchar las inquietudes de los hijos, saber decir no sé en caso de que no sepamos responderlas o saber dar una respuesta verídica válida en caso de que sí sepamos hacer. Estas son las maneras en las que nosotros tenemos que lograr estructurar los cómos.
Queridas mamás y papás, la pregunta mágica está en él para qué y no en el cómo. El cómo puede ser mucho más claro y mucho más sencillo de lo que creemos si tenemos claro el para qué de estas conversaciones.


