Hacerse pato: ¿Callar o acompañar a nuestros hijos con conciencia?

Ser mamás y papás conscientes implica un enorme trabajo interior. Es cuestionarnos constantemente cada decisión, acción, palabra: ¿cuál es el propósito de formar esta familia?, ¿para qué levantarse tan temprano?, ¿vale la pena haber desplazado mis propios sueños?, ¿para qué tanto esfuerzo?

Entrega absoluta es el lema de todo padre consciente. Por un lado, gestionar nuestros pensamientos, emociones, creencias para poder sobrevivir y, por el otro, preparar a otro ser humano para que se enfrente exitosamente al mundo (que ni nosotros hemos empezado a entender) y que, encima, sea feliz. Digámoslo abiertamente: ¡es agotador!

Si hubiera una etiqueta que advirtiera de todos los ingredientes del producto llamado paternidad/maternidad, honestamente, no sería la primera opción de muchos de nosotros en el anaquel de un supermercado. Elegiríamos otro producto con ingredientes más atractivos: viajar, noviar, amiguear, leer, estudiar, divertirnos, lograr ambiciones de carrera.

EL RECUENTO: SIN VÍCTIMAS

Aclaremos: los papás conscientes no somos víctimas. Sí, es un reto, pero la retribución es incalculable: legado, amor incondicional y sentido de vida. No es casualidad que, a pesar de los sinsabores de la expansión humana, sigamos eligiendo convertirnos en padres por más generaciones. Ser padres es entender verdaderamente el significado de trascender, permear e impactar en otros. Es aprender que lo que soy yo y toda mi línea de antecesores sí importa, porque se ve reflejado en lo más íntimo, en lo más privado que tengo: mis hijos. 

¿Por qué nos paralizamos cuando tenemos que hablar?

Si queremos transmitir lo mejor de nuestros aprendizajes para que nuestros hijos tengan mejores herramientas, ¿por qué nos paralizamos cuando llega el momento de hacerlo? Cuando sabemos que tenemos que hablar de cosas importantes, tomar decisiones duras, tener esa charla incómoda e, incluso, pedir ayuda. 

Lo que nos pasa es que el miedo y la Ignorancia nos superan. Deberíamos ser los adultos que lo saben todo. Pero, nos paralizan las posibles consecuencias de hablar de más, equivocarnos, abrir la cajita de Pandora de las dudas, los miedos y que se salga de control.

Si pusiéramos todas nuestras vivencias en nuestra cajita de Pandora personal, sería abrumador decirle a nuestros hijos: “ten, allí está todo lo que me pasó, aprende”. Todos tienen su propia caja, tus hijos no pueden llevar la tuya y la de ellos. Nuestra tarea de padres es ACOMPAÑARLOS a ver la realidad y elegir las herramientas que les permitan salir adelante. 

Dicho de otra manera, la vulnerabilidad de nuestros hijos ante la posibilidad de derrota, sufrimiento, de crisis nos detienen y a veces preferimos hacernos a un lado. Porque, claro, si a alguien no queremos ver sufrir o cometer errores es a nuestros hijos. A ellos queremos verlos fregones, felices y radiantes.

¿PADRES SELECTIVOS?

Además del miedo, también existen padres que preferimos la comodidad. Que nos negamos a ver la cajita de Pandora de nuestros hijos cuando viven un momento de confusión, caos, malas decisiones, bajo el pretexto de que “ellos tienen que vivir lo suyo”. Dejarlos vivir, no significa dejarlos de guiar.

Eso sí, queremos estar es sus memorias del icónico viaje a Disneylandia, en la primera sonrisa, en el primer gol, en el show de Navidad. ¡NO! la paternidad no es selectiva. Tenemos que tomar la responsabilidad que implica el amor de padres: estar presentes en lo duro, en lo amargo y en lo sufrido. 

Estemos allí, con más fuerza y compromiso, cuando sospechemos que nuestros hijos están actuando de manera riesgosa o negligente, que faltan al respeto a otros o ellos mismos, que no son capaces de relacionarse sanamente en la sociedad, que fallan en poner límites o que no están cuidando su cuerpo, mente y emociones.

ACOMPAÑANTES

Sé el acompañante que está abierto a temas cruciales como la sexualidad, drogadicción, alcoholismo, fiestas, límites, errores, violencia, emociones negativas, etc. Acompañarlos es facilitar el diálogo, estar disponibles emocionalmente para ellos. También es reconocer ante ellos nuestros propios errores y vulnerabilidades. Acompañar tiene un objetivo: que ellos sepan que no están solos. Y que si se equivocan NUNCA los dejaremos de amar. 

Papás, los invito a que hablemos. Los invito a que, a pesar del miedo, seamos padres completos en lo bueno y en lo malo. Sí, nos vamos a equivocar, pero siempre es mejor reconocer un error que estar ausente. Los momentos difíciles son una oportunidad para amar a nuestros hijos desde un lugar mucho más consciente, maduro y generoso. 

Como papás tenemos la responsabilidad de hacer uso de nuestra adultez, de nuestras experiencias, de nuestra sabiduría, de nuestro conocimiento, de nuestros errores para favorecer a nuestros hijos, para poder acompañarlos y guiarlos. Cuidar a nuestros hijos es nuestra obligación básica. Así como nos preocupamos por su cuerpo, alimentación, intelecto, educación, etc. debemos de cuidarles el alma y el espíritu. Esto se logra con tiempo, con acompañamiento y con amor. Por favor, papás, BASTA de HACERNOS PATO.

Por: Daniela Ortiz de la Peña Tena 

on amor. Por favor, papás, no nos hagamos patos.

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